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¿Es malo que los niños/as conozcan el estrés?

¿Es malo que los niños/as conozcan el estrés? - Centro Logos
18 de noviembre de 2020

Comúnmente se conoce al estrés como al mecanismo de defensa que se pone en marcha cuando una persona se ve envuelta por un exceso de situaciones que superan sus recursos. En estos casos, el individuo experimenta una sobrecarga que puede influir en el bienestar tanto físico como psicológico y personal.

Pero, a pesar de que este término tenga connotaciones negativas en nuestra sociedad, el estrés no tiene por qué ser malo, también hay estrés positivo que actúa como un proceso general de adaptación de los individuos al medio.

En los niños/as, ya incluso desde bebés se pueden ver respuestas al estrés como, por ejemplo, el llanto, cuya función principal es abrir los pulmones para iniciar la respiración. Ante este tipo de respuestas, los padres y madres actúan de forma protectora o aliviadora mediante abrazos, nanas, etc., ya que el estrés es percibido como amenazante y hay que mitigarlo.

Obviamente, todas esas respuestas de cariño hacia nuestro/a pequeño son positivas y crean un vínculo especial entre progenitor e hijo/a. Sin embargo, de esa respuesta natural, en nuestra sociedad se ha progresado hacia la creación alrededor del niño/a de un universo absolutamente protegido que le evite el más mínimo sufrimiento, real o percibido. Y, al mismo tiempo, los adultos, se estresan terriblemente si les parece que su hijo/a está padeciendo algo que le obligue a llorar.

Estas situaciones a las que nos estamos refiriendo son aquellas que generan un estrés de forma aguda, es decir, momentáneo y pasajero. El padecimiento de este tipo de sensaciones negativas durante un largo periodo de tiempo u otros tipos de estrés como pueden ser el síndrome de estrés postraumático de los accidentes, agresiones o catástrofes, se merece otro tipo de consideraciones.
Con este artículo lo que pretendemos hacer ver es que padres y educadores deben entender que las emociones de carácter negativo, las frustraciones y las contrariedades son parte natural de la vida. Toda ella está llena de circunstancias y situaciones que uno quisiera evitar, pero que naturalmente suceden y a menudo son inevitables. Por eso, el enseñarles a nuestros/as hijos/as herramientas y estrategias para la resolución de conflictos es primordial si queremos desarrollar una adecuada autoestima y regulación emocional. Estos dos conceptos últimos son claves para que, en un futuro, un adulto sea funcional.

Pero, ¿cómo podemos enseñar tales estrategias de afrontamiento?

Mediante el establecimiento de normas y límites en la educación de nuestro/a hijo/a conseguiremos que, poco a poco, vaya regulando su forma de actuar, ya que, al fin y al cabo, estas normas y límites no son otra cosa más que el recibimiento de un “no” ante sus peticiones.

Ante esta negativa, como cualquier otra persona, los niños/as reaccionarán de forma adversa al ver impedimentos para alcanzar sus objetivos. Pero, mediante su propia regulación emocional, tiempo y diálogo sereno, les explicaremos las formas adecuadas de reaccionar ante este tipo de situaciones.

No está de más recordar que, en Centro Logos, contamos con servicio de psicología, el cual os puede orientar para llevar a cabo aquellas pautas y límites necesarios en la educación de los/as hijos/as.